jueves, 2 de marzo de 2017

Cómo honrar a tu esposo en la crianza de los hijos, cuando todas sus opiniones están mal...


                Es obvio que estoy exagerando al decir que todas las opiniones de mi esposo están mal, así como sería absurdo asumir que mi manera de ver las situaciones siempre están bien.  En lo que no exagero es en que a veces siento que tengo toda la razón, y que a veces que en determinado punto mi esposo está equivocado.
                El panorama amplio de lo que mi esposo y yo deseamos para nuestros hijos lo tenemos muy claro: que amen a Dios por sobre todas las cosas, que sean honestos y responsables, y que sean buenos amigos y ciudadanos. 
El problema son ese millón de pequeños detalles que conforman nuestro día a día, pero que no constituyen un imperativo moral, sino preferencias personales y costumbres traídas de nuestro hogar de origen. ¿Es necesario lavarse el cabello todos los días? ¿Los regalos de Navidad los deben escoger los hijos o los padres? ¿Es o no tiempo de quitarle el pañal a ese hijo que se hace pipí por las noches?
La mamá que se queda en casa mientras que su esposo sale a trabajar puede como yo, encontrarse ante un falso dilema: “Ignoro las preferencias de mi esposo para poder ser autónoma y auténtica, o bien, hago todo según las preferencias de mi esposo pero me siento deprimida y sin voz propia”.
Habiendo probado ambos lados de éste falso dilema, ambas veces con el mismo resultado frustrante, decidí probar una tercera opción. En primer lugar, leamos el siguiente pasaje bíblico
Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo  (Filipenses 2:3)
Después hice la siguiente lista mental:
MIS PREFERENCIAS
PREFERENCIAS DE MI MEDIA NARANJA
Que los niños tengan una casa y ropa limpísima.
Que los niños coman unicamente comida casera.
Que los niños jueguen en la naturaleza y tengan pocas cosas de plástico.
Que los niños tengan  muchos juguetes en su cuarto de preferencia colecciones.
Que la hora de dormir sea a las 8:00 PM.
Que la hora de dormir sea hora de divertirse con papá.
Que no haya televisión.
Que los niños se familiaricen con todas las mejores series.
Salir de paseo todos los fines de semana.
Descansar en casa todos los fines de semana.
Que los niños desarrollen criterio propio.
Que los niños obedezcan sin cuestionar.

La lista podría ser mucho más larga, pero seamos realistas, ninguna madre puede hacer TODO lo que desea por sus hijos, y menos cuando su esposo prefiere exactamente lo opuesto.  Así como el concertista de piano no puede a la vez ser campeón olímpico de gimnasia, la chef gourmet no podrá ser chofer de veintisiete actividades extraescolares.  Por lo tanto, le pregunté directamente a mi esposo cuál de todas las cosas en su lista era la principal, es decir, qué cambio le traería más alegría, y me dispuse a ceder sin juzgar, y ponerlo como número uno en mi lista. 
No puedo convertirme en otra persona, pero puedo demostra honor y respeto por el esposo al elevar algunas de sus preferencias en el manejo de los hijos, y eso es sin duda el mejor ejemplo para ellos.

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