domingo, 5 de marzo de 2017

Técnica “voy a tener que hacer algo”: para aquellos momentos en que no se te ocurre nada mejor….

La mejor disciplina siempre será la que se ejerce inmediatamente después de la falta, de manera eficaz, y por un adulto en perfecto control de sí mismo. En el mundo real no obstante, Paquita no espera a que yo me termine de bañar para tratar de encender la estufa por sí sola, no me pregunta cuánto tráfico hay cuando pellizca a su hermana en el coche, y parece atinarle al momento que estoy cambiando un pañal de su hermanito para comenzar a echarle medio bote de sal a los frijoles. ¿Qué se puede hacer cuando no puedes dejar lo que estás haciendo para ir a atender el problema? ¿Qué pasa si estás tan enojada que cualquier disciplina que impartas va a ser exagerada y fuera de lugar? ¿Qué hay de una travesura o grosería que te deja tan pasmado que no se te ocurre qué hacer al respecto? Dile a tu bello hijo: “Luisito, puedo ver que estás brincando en la cama, cuando me desocupe, voy a tener que hacer algo”. Dile a tu adorada hija: “Chonita, estoy muy decepcionada de que estés fastidiando a tu hermana, cuando pare el coche voy a tener que hacer algo”. La razón para decir “algo” es para ganar tiempo. Tiempo de controlar nuestro enojo, tiempo de terminar lo que estamos haciendo, y tiempo de pensar en la consecuencia más lógica para la falta. La clave está en que ese “algo”, se tiene que cumplir apenas se pueda, o nuestros hijos no nos van a tomar en serio. A cierta edad puede que tu niño te diga: “¿y qué me vas a hacer?”, a lo cual debemos responder: “no sé, estoy pensándolo muuuuuy bien, pero lo seguro es que voy a hacer algo”. De ésta manera logramos que los niños estén un poco tensos y su imaginación se eche a volar. Si les decimos la consecuencia en el momento estresante, corremos el riesgo de prometer algo que no vamos a cumplir, o que sencillamente nos ignoren y estemos repitiendo “bájate de la cama” mil veces. Si tienes un adolescente ésta técnica es particularmente útil cuando sencillamente no sabes qué hacer, ya que te da tiempo para pedir un consejo a alguien sabio que te pueda ayudar.

sábado, 4 de marzo de 2017

“Está bien, puedes bañar a tu lorito”: técnicas de disciplina para la mamá agotada


 

“Voy a ser firme” dije, “voy a poner disciplina” pensé. “Mi esposo no es el único que hace obedecer las reglas, desde ahora éstos niños van a ver que mamá también manda”.  Mil veces me propuse impedir que mis hijos rebasaran los límites, y ochocientas fallé, no porque no comprendiera que el orden hiciera falta, sino porque me encontraba agotada.

Si pasas todo el día, o gran parte del día con los niños, y si tus bellos retoños deciden que es divertido jalarle el pelo a la hermana o pellizcar a su hermano, entonces te encuentras al borde de un colapso y sólo quieres un minuto de paz.  No has terminado de apagar un fuego cuando la más pequeña ya comenzó un berrinche porque quería su sándwich “cortado en cuadros, no en triángulos”.  Tras haber arreglado el problema del sándwich, la mayor estalla en llanto porque: “mi hermanita derrumbó mi castillo de bloques”.

Puede ser también que tu personalidad sea más de “espíritu libre” que la de tu esposo.  Es común que uno de los dos padres sea por naturaleza más estricto, y el otro más juguetón,(perfecto si el que se queda en casa es estricto, ¿pero qué pasa si es al revés?).  En mi caso, el poner una cara seria y concentrarme en la ciencia de hacer que mi hija se acabe sus ejotes es lo más deprimente que me pueda suceder, porque me roba el gozo.

Si eres en algo parecida a mí, puedes darle gracias a Dios que nos da una salida de semejante encrucijada.  Puedes respirar tranquila sabiendo que no tienes que sufrir una metamorfosis para ser capaz de poner límites en tu casa. Quiero ofrecer una serie de técnicas de disciplina para la mamá barco, que quizá te puedan ayudar a corregir a tus hijos sin que termines frustrada y derrotada.

 No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.                       1 Corintios 10:3

 

jueves, 2 de marzo de 2017

Cómo honrar a tu esposo en la crianza de los hijos, cuando todas sus opiniones están mal...


                Es obvio que estoy exagerando al decir que todas las opiniones de mi esposo están mal, así como sería absurdo asumir que mi manera de ver las situaciones siempre están bien.  En lo que no exagero es en que a veces siento que tengo toda la razón, y que a veces que en determinado punto mi esposo está equivocado.
                El panorama amplio de lo que mi esposo y yo deseamos para nuestros hijos lo tenemos muy claro: que amen a Dios por sobre todas las cosas, que sean honestos y responsables, y que sean buenos amigos y ciudadanos. 
El problema son ese millón de pequeños detalles que conforman nuestro día a día, pero que no constituyen un imperativo moral, sino preferencias personales y costumbres traídas de nuestro hogar de origen. ¿Es necesario lavarse el cabello todos los días? ¿Los regalos de Navidad los deben escoger los hijos o los padres? ¿Es o no tiempo de quitarle el pañal a ese hijo que se hace pipí por las noches?
La mamá que se queda en casa mientras que su esposo sale a trabajar puede como yo, encontrarse ante un falso dilema: “Ignoro las preferencias de mi esposo para poder ser autónoma y auténtica, o bien, hago todo según las preferencias de mi esposo pero me siento deprimida y sin voz propia”.
Habiendo probado ambos lados de éste falso dilema, ambas veces con el mismo resultado frustrante, decidí probar una tercera opción. En primer lugar, leamos el siguiente pasaje bíblico
Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo  (Filipenses 2:3)
Después hice la siguiente lista mental:
MIS PREFERENCIAS
PREFERENCIAS DE MI MEDIA NARANJA
Que los niños tengan una casa y ropa limpísima.
Que los niños coman unicamente comida casera.
Que los niños jueguen en la naturaleza y tengan pocas cosas de plástico.
Que los niños tengan  muchos juguetes en su cuarto de preferencia colecciones.
Que la hora de dormir sea a las 8:00 PM.
Que la hora de dormir sea hora de divertirse con papá.
Que no haya televisión.
Que los niños se familiaricen con todas las mejores series.
Salir de paseo todos los fines de semana.
Descansar en casa todos los fines de semana.
Que los niños desarrollen criterio propio.
Que los niños obedezcan sin cuestionar.

La lista podría ser mucho más larga, pero seamos realistas, ninguna madre puede hacer TODO lo que desea por sus hijos, y menos cuando su esposo prefiere exactamente lo opuesto.  Así como el concertista de piano no puede a la vez ser campeón olímpico de gimnasia, la chef gourmet no podrá ser chofer de veintisiete actividades extraescolares.  Por lo tanto, le pregunté directamente a mi esposo cuál de todas las cosas en su lista era la principal, es decir, qué cambio le traería más alegría, y me dispuse a ceder sin juzgar, y ponerlo como número uno en mi lista. 
No puedo convertirme en otra persona, pero puedo demostra honor y respeto por el esposo al elevar algunas de sus preferencias en el manejo de los hijos, y eso es sin duda el mejor ejemplo para ellos.

Una madre derribada, pero no destruída

                He pasado los últimos cinco años buscando el algoritmo para la “madre educadora en casa” ideal.  ¿Quién no quisiera descubrir la fórmula para tener una casa limpia y decorada como en las revistas, hijos y esposo bien alimentados, así como niños virtuosos en carácter Cristiano, lenguas extranjeras y diversos instrumentos musicales simultaneamente? Pese a extensivas búsquedas en internet y experimentos varios, siempre he terminado el día con la sensación de haber fallado gravemente en algo. Si tiendes al perfeccionismo tanto como yo, permíteme evitarte corer con mi misma pena y adelantarte la respuesta: se trata de un ideal imposible.
                En los días en que mi casa rechinaba de limpia, sentía que le había faltado atención a alguno de mis hijos. En los días en que la comida era nutritiva y abundante, la casa quedaba totalmente patas arriba. Otros días estaba a punto de darme un auto aplauso por haber explicado exitosamente algún concepto educativo, solo para luego sentir remordimiento de haber dejado a los niños comer demasiados dulces ese día.
                Ésto es hasta que recientemente Dios tocó mi corazón a través del  testimonio de Joni Eareckson Tada. Joni es una mujer parapléjica desde hace más de treinta años, que ha permitido que su debilidad glorifique a Dios.  Lo más impactante que salió de la boca de ésta persona que no puede moverse del cuello para abajo fue: “lo que más me emociona de ir al cielo, no es el cuerpo nuevo que voy a tener para brincar y bailar, sino el estar por siempre separada del pecado que ofende a mi Señor”. 
                En seguido Dios tuvo la gracia de mostrarme que nunca voy a encontrar la manera de cumplir con todas mis responsabilidades a la perfección de tal manera que tenga algo qué presumirpero eso no importa, porque no es lo que Dios Él quiere. Lo que Él desea que yo permita que las circunstancias moldeen mi carácter. Dios quiere qie mi corazón sea purificado y librado de todo egoísmo y vanagloria para que pueda ser llenado con Su amor.

“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en el poder de Cristo”.
2 Corintios 12:9